Fotógrafo Roberto Candia vuelve por unos días a su tierra natal, Puerto Montt, por un proyecto Bicentenario

El profesional de la agencia AP estará aproximadamente ocho días de vacaciones aprovechando de realizar un proyecto junto a otros fotógrafos por la zona


Por incentivo de su padre a los 12 años comenzó su pasión por la fotografía, pero no imaginó que tiempo después sería parte del staff de fotógrafos destacados para la agencia de renombre internacional Associated Press, y menos que su afamada fotografía “El hombre de la bandera” se convertiría en el ícono nacional del 2010.

Roberto Candia, quien de vacaciones viajará este fin de semana a Puerto Montt en compañía de su familia, y estará en la ciudad alrededor de ocho días, se mostró bastante entusiasmado pero también nostálgico frente a esta visita. “Sin duda existen sentimientos encontrados cuando se vuelve a la ciudad natal, más que nada nostalgia de reencontrarse con los amigos, la familia… el lugar donde estudié, donde crecí, darse cuenta de cómo han cambiado las cosas y de que nada sigue siendo igual”. Además cuenta el fotógrafo que paralelo a sus vacaciones la visita se debe a que existe un proyecto con motivo del bicentenario, pretendiendo reflejar la mirada puertomontina a través de algunos fotógrafos que junto a Candia recorrerán la zona.

Con respecto al terremoto y específicamente a la foto de la bandera, ¿Cuál es el sentimiento que se genera cuando esta fotografía no sólo da la vuelta al mundo sino que se convierte en un ícono nacional?

Justamente lo que me llama la atención es la reacción que causó, me parece que era mucho más un fenómeno social, tampoco creo que sea una “gran foto”, inclusive se dijo que era demasiado simple, que carecía de estética, pero como la gente no ve eso transformaron la imagen en un ícono nacional y eso me enorgullece. Uno se esfuerza todos los días por captar ese efecto, a veces se cometen errores, al punto de que en ocasiones olvidamos que el trabajo es para las personas, por lo que terminamos fotografiando para satisfacer nuestros gustos, una buena composición por ejemplo, una buena iluminación o que goce de los recursos más finos de la fotografía. “Muchas veces en el camino perdemos el sentido más importante… que es establecer una comunicación entre la persona que está fotografiando y la persona que recibirá esa foto”.

Y al momento de capturar una imagen, por muy fuerte que sea el escenario, ¿Cómo te mentalizas para controlar emociones, para separar lo humano de lo profesional?

Esa es una pregunta difícil, porque con el tiempo he aprendido que no se pueden separar estos aspectos, creo que es un error cuando se dice que uno debiera mantener cierta distancia de las situaciones y de las personas.

¿Crees que eso es inevitable?

Sí, es inevitable, pero además una fotografía principalmente debe contener la mirada humana, si tratas de separar emociones terminas perdiendo el objetivo que es mostrar una realidad, por muy chocante que sea. Por lo que es muy importante no cortar ese vínculo. Uno agranda la realidad… sin duda que sí, pero siempre va ser fundamental mantener esa conección con la situación y los protagonistas de ella.

¿Cuáles han sido los costos de dedicarte a esto?, tal vez dejar un poquito de lado a la familia…

Sí, yo creo que ese es el mayor costo, en mi caso fue muy duro por ejemplo trabajar en el episodio del terremoto, fue la primera vez que me enfrenté a una situación de esa magnitud, y si bien es cierto mi hijo desde chiquitito sabía que el papá tomaba fotos, en ese minuto ni mi familia ni yo asumíamos lo que implicaba estar ahí. Tuve que salir de mi casa y eso a mi hijo le provocó un shock constante y bastante fuerte. A mi familia le gusta mi profesión, pero luego del terremoto hubo un cambio importante, porque cualquier salida que yo tenga ahora es muy difícil de asumirla, existe más ausencia de la figura paterna y en el caso personal, me da temor, da un poco de miedo que en algún momento me puedan necesitar y yo no voy a estar.

Finalmente y como reflexión, creo que no nos damos cuenta pero generalmente estamos mirando el fotoperiodismo reconocido en el exterior y no aquí, lo que me parece un poco mezquino ya que no asimilamos que en Chile existen muchos grandes fotoperiodistas. En mi caso agradezco los reconocimientos pero sinceramente no siento ser mejor ni peor, ni mucho más ni mucho menos. Existen trabajos que son muy valiosos para la sociedad chilena y sin embargo no son valorados, en ese sentido no me gustaría que la gente se quedara con una visión tan pequeña”.


Entrevista: Camila Gómez San Martín.
Fotografías gentileza de Roberto Candia.