La sombra de la epidemia ya nos ha visitado

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En estos días las calles de ciudad de México están invadidas por un creciente temor, la aparición de casos de la gripe porcina, un virus de influenza A, llamado H1N1, que se contagia de persona a persona y que contiene ADN de virus aviarios, porcinos y humanos, y se contagia por estornudos, tos o contacto físico y que tiene un potencial pandémico como ha alertado la Organización Mundial de la Salud (OMS), nos invita a mirar nuestro pasado para buscar las huellas de aquellas epidemias que dejaron su marca en el tiempo y que siempre vuelven para recordarnos nuestra fragilidad. 

Los primeros antecedentes 

A mediados del siglo XVII la población Huilliche de la provincia de Llanquihue y los españoles que se encontraban en los fuertes de San Miguel de Calbuco y el de Carelmapú se vieron afectos por las epidemias de Chavalonco que en mapudungún significa dolor de cabeza que agrupaba a una enfermedad infecciosa aguda y la viruela lo que agravó la disminución demográfica de la zona en aquellos días. 

La zona muerte 

En el cementerio de Cochamó existe un territorio simbólico que es como una advertencia al futuro. Las cruces de los muertos por tuberculosis en la génesis de este pueblo a comienzos del siglo XX. La prensa habla que la mortandad afecto especialmente a menores de edad.

 

La gripe declarada en agosto de 1919 fue mucho más terrorífica, afectó a la casi totalidad de sus habitantes y se extendió a Puelo. Familias enteras estaban afectadas sin que nadie los atienda. La población llego a pedir que cerraran las escuelas para evitar la propagación de la enfermedad. 
 

Puerto Montt tuvo un dolor 

El 5 de marzo de 1905 arribó a la bahía de Puerto Montt el Vapor “ Palena”. Desde hacia días un marinero estaba enfermo, por eso lo primero que hicieron los navegantes al recalar fue llamar a un médico del lugar. Entre tanto, el resto de la tripulación cansado por la navegación y las duras labores no estaban dispuestos a perder la oportunidad de divertirse en los bares y prostíbulos.

Pero algo andaba muy mal. El doctor que estaba examinando al tripulante enfermo del “ Palena” comenzó a encontrar signos de un horror que se aproximaba. Tenia el paciente fiebre alta, debilidad en su estado físico, intensos malestares y recurrentes dolores de cabeza, sin embargo un síntoma lleno de inquietud a su ser, el paciente tenia la cara y las palmas de las manos con unas horribles pústulas amarillentas, era el anuncio de la presencia de la viruela. Al día siguiente, a tres tripulantes se les detectó dicha enfermedad, negligentemente las autoridades locales no declararon al barco en cuarentena y la tripulación siguió caminando libremente por la ciudad propagando el mal.

El 12 de marzo de 1905 se registró el primer caso de viruela en Puerto Montt afectando a Federico Heck. Pronto aparecerían los primeros muertos que no resistieron el abrazo ardiente de la fiebre como fueron Amador Trujillo y la señora Marta Hernández de Vega. La viruela se propagaba rápidamente.

A fines de marzo de ese año la municipalidad de Puerto Montt ordenó colocar una bandera blanca en la casa donde había infectados y prohibir estrictamente el velatorio ordenando sepultar al muerto inmediatamente. El horror de la epidemia se extendía sobre las casas más humildes que se llenaban de varicosos. Las actividades educativas estaban paralizadas.

Así estaba la situación de Puerto Montt cuando el doctor Alberto Burdach Nicolai entro en combate en los primeros días contra la viruela, habilitando un eficaz sistema de vacunación que era tributario al trabajo del poeta y medico rural ingles Edward Jenner

( 1749-1823) .Por la cantidad de afectados por la viruela en Puerto Montt se decidió habilitar un recinto hospitalario en el interior del cementerio general para tratar a los enfermos y ver a los sospechosos de portar el mal, que tenia una capilla para la asistencia espiritual de los de fe cristiana, siendo vigilados para evitar que huyeran del recinto por varios guardias. Al cabo de dos meses de lucha se logro controlar la epidemia con un saldo final de 120 muertos.

La historia es un aprendizaje, el cuerpo una fragilidad de deseos, la epidemia una manifestación de la vida que se abre espacio en el medio natural. Una nueva alerta se abre con la influenza porcina, que dejará su memoria para los sobrevivientes que tocarán el crepúsculo de los tiempos que vendrán.

 

Por: Wladimir Soto Cárcamo, Antropólogo, Magister en Ciencias Sociales 

Imagen original: http://www.flickr.com/photos/metzltiozohuitli/3474764525/