Arzobispo Cristián Caro señala que la injusta distribución de los bienes provoca aún resentimiento, violencia y frustración

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Variados temas de la problemática social abarcó el mensaje de monseñor Cristián Caro en la homilia del Te Deum celebrado este 18 de septiembre en la catedral de Puerto Montt. Señaló que existen motivos para agradecer a Dios como por ejemplo los progresos que se advierten en infraestructura, conectividad, vivienda asi también los esfuerzos por mejorar la salud, educación y todo lo que permite una mejor calidad de vida. Agradeció también a quienes crean fuentes de trabajo lo que tiene como directo resultado el bajo índice de desocupación que presenta la región, pero se ve con preocupación las dificultades sufridas por la industria del salmón confiando en las medidas que se han tomado para resarcir los perjuicios.

Aunque el progreso ha sido destacado, la Iglesia ve como aún no existe justa distribución de los bienes materiales y culturales y la desigualdad de oportunidades mantiene la brecha social que daña la convivencia de la sociedad siendo fuente de resentimiento, violencia y frustración, especialmente en los jóvenes.

El país ha sabido superar las catástrofes naturales y también los accidentes que han dejando perdidas de vidas humanas, un ejemplo de ello es la erupción del Volcán Chaitén en donde las autoridades civiles y las Fuerzas Armadas y de Orden realizan hasta hoy todo lo que está al alcance de su mano para reconstruir bienes y vidas.

Monseñor Caro se refirió al compromiso por el Bicentenario firmado por los representantes de los partidos políticos, texto que en su punto cuarto señala:: “Aspiramos a promover una sociedad sin violencias de ningún tipo, y afirmamos la necesidad de promover una verdadera amistad cívica, en la que a partir de nuestras particularidades nos reconocemos como partes diferentes de un todo superior a nosotros, que es la Patria”. Los firmantes declaran que: “Comprometemos toda nuestra voluntad en la búsqueda del bien común, mediante una actividad política leal y honesta, que debe ser respetuosa de las ideas ajenas y dispuesta a valorar las concordancias por sobre las legítimas discrepancias, que siempre existirán”.

En alusión al debate nacional que ha generado el suministro de la píldora del día después agrega el Arzobispo: «La persona es sujeto de derechos y deberes. Entre los derechos el primero es el derecho a la vida, desde su concepción hasta su término natural, pasando por todas las etapas y situaciones. De aquí el deber de proteger, promover y defender la vida humana, tanto del embrión, como del niño discapacitado, del enfermo, del pobre, del anciano. Es decir, la ecología humana tiene la prioridad y le da sentido a la ecología de la creación.» La Iglesia también propende a que el Estado reconozca, respete y apoye la identidad del matrimonio y la familia a través de una efectiva política favorable a la natalidad.

Texto y fotos: Mauricio Sáez E.